viernes, 3 de septiembre de 2010

Ciro Fogliatta - Música para el amor joven (1969)



En 1969, Los Gatos, el gran grupo pionero del rock argentino, se separaba, poniendo su teclista, Ciro Fogliatta, rumbo a Nueva York, donde residiría una temporada. Fue en su ausencia cuando su discográfica lanzó un LP instrumental grabado por él un año antes, en 1968, decidiendo ésta incluso el título que llevaría el álbum, Música para el amor joven. Dado que Ciro no se encontraba en Buenos Aires, el disco apareció sin créditos de ningún tipo.
Lo acompañaron en aquella aventura: Alfredo Toth (bajo), Oscar Moro (batería), “Kay” Galifi (guitarra) mientras el propio Ciro se hacía cargo del órgano Hammond y el piano. Es decir, excepto Litto Nebbia, Los Gatos al completo. A esta banda base se sumaron en calidad de invitados Alejandro Medina (bajo), Claudio Gabis (guitarra), ambos componentes de Manal, y Daniel Irigoyen (voz en “Tequila”). Fogliatta desarrolló los arreglos, resueltos en el propio estudio (los TNT, de la calle Moreno de Buenos Aires), en los pocos días que duró la grabación. Luego mezclada en los estudios RCA del barrio de Saavedra, donde a Ciro lp acompañó su padre, quien pisaba por vez primera un estudio de grabación.

Con este supergrupo, el teclista se atrevería a desarrollar versiones instrumentales de canciones “que me gustaban, dentro de mi estilo de swing, blues y jazz –razona Ciro, 40 años después–. Muchos no eran temas del momento. Quería darme el lujo de grabar canciones muy viejas y otras nuevas dentro del jazz, funky, blues y rock, una mezcla que, por supuesto, da por resultado el rhythm & blues. Hay algunas canciones que están en discos de grandes organistas norteamericanos de la época, como Jimmy Smith y Brother Jack Mcduff”.

Justamente, el órgano se sitúa en primer plano, tomando el protagonismo: “El estilo era: el órgano tocando la melodía principal de la canción –usando cabina Hammond de amplificador, no un Leslie–, y acompañamiento con solos de órgano y guitarra”. De este modo, se resuelven tomas impactantes en las que el Hammond traza las melodías, en versiones de “Sentado en el muelle de la bahía” (“The sitting on the dock of the bay”), “Enfermería San James” (“Saint James infirmary”), “Qué dije” (“What did I say”) o en esa sorprendente y hechizante “Soplando en el viento”, lectura del “Blowin’ in the wind” dylaniano: “Tiene una base muy sencilla, mas la melodía de órgano. Quizás es el tema más comercial”.

El ripeo no pudo evitar las "friuras" del disco, pero es lo que hay

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