lunes, 17 de octubre de 2011

Proyecto Gómez - Basico (2009)



Baterista virtuoso, locomotora de un proyecto experimental, líder del trío Gordolöco y a la vez parte del trío de funk-jazz Open 24, Rodrigo Gómez asoma como un personaje peculiar en la escena musical porteña. En cuyas pistas, además, apenas cuelga los palillos, baila como un poseído.

Acaba de terminar de tocar Open 24, el trío de funk-jazz que anima los sábados en el bar Thelonius y su baterista ya está bailando. Totalmente abstraído por el hip hop que suena en la pista, da la impresión de no poder escapar a los embrujos del ritmo. Alguien lo señala y dice:
"Ese es Gordolöco". Morrudo aunque no gordo, a Rodrigo Gómez le pusieron de apodo el nombre de su otro grupo, el Gordolöco Trío. De hecho, Gómez toca la batería y baila... como un loco.

Baterista virtuoso, Gómez completa su actualidad musical con un extravagante proyecto llamado justamente Proyecto Gómez. El año pasado presentó un disco en su casa ante 300 personas con una instalación de 4 televisores que pasaban una composición de 20 minutos de loops visuales trabaja dos en VHS. Dentro de unos días, Gómez va a presentar un show con el sonido producido por los plugs de cables conectados de la consola al aire. Bienvenidos al planeta Gómez. "A los 4 años me regalaron un bombo legüero. Parece que cuando sonaba música yo le señalaba a mi vieja el grabador . Así que a eso se le sumó que me ponía a golpear cualquier cosa que tenía a mano y entendió que lo que le señalaba era el sonido de la batería. Así que ya a los 9 años me puse a estudiar batería
Y todavía no paré." Cuando empezó a tocar era un pibe más bien flaco. Como presagiando su apodo, a los 10 años empezó a comer... como un gordo loco. "A los 12 años tuve un experiencia increíble: tocar en una orquesta de cámara. Yo no tenía ni idea de cómo se tocaba, pero hasta los 17 años toqué ahí." Gómez sólo escuchaba música clásica cuando tocaba la marimba y los timbales. "De chico escuché mucho a Spinetta y la verdad es que todavía lo sigo escuchando. Y siempre tuve muchos proyectos. Desde los 12 o 13 años siempre estuve armando proyectos. Yo creo mucho en eso: si uno tiene ideas, y tiene confianza en lo que está haciendo, es importante concretarlos: y eso más allá de si está bueno o no."
Pero aunque todos sus proyectos le parezcan importantes, su ascendente prestigio actual se lo debe básicamente a Open 24 (en el que tocan los hermanos Seca y Lucas Cutaia, ambos hijos del gran Carlos Cutaia, el mismo de Pescado Rabioso y La Máquina de Hacer Pájaros) y al Gordolöco Trío: "Y sí, hay gente que me dice Gordolöco. Pero, en realidad, es el nombre de un grupo y somos un trío de personas que laburamos a la par". Integrando al jazz elementos de la música electrónica, en el 2002 hicieron Antenas, a lo que se le suma un nuevo disco que está por salir que se va a llamar...
 ¿Copani?
Basta escuchar la risa de Gómez para entender que el absurdo sentido del título. "Ignacio Copani es tremendo. Fuimos a tocar a Entre Ríos y compartimos cartel con él. A nosotros nos pusieron como Loco Gordo Trío. Y al lado: Ignacio Copani, que tocó el día anterior. ¡Ja! Pero hay algo interesante: si vos repetís la palabra se genera un doble sentido: copanicopanicopanico..."


¿Pero a alguno de los tres integrantes del grupo les gusta Copani?

"Definitivamente no", sentencia Gómez, ahora serio. Aunque la coherencia de la estética del trío es innegable, Rodrigo "Gordolöco" Gómez se distingue tanto por su carisma como por un virtuosismo que, afortunadamente, está puesto en función de las ideas. "A mí me interesa el jazz porque me parece que ahí hay un montón de información para transformar. Mi relación con el jazz tiene que ver con la posibilidad de vincularme con otras músicas: si quiero tocar música jungle, es importante que sepa que eso es como un ritmo de jazz up-tempo. Para mí, John Coltrane es punk. La técnica tiene que ser un medio para la idea."

Para Gómez, decir improvisación es decir composición: "Creo que la improvisación tiene que ver con lo que vos podés decidir cuando estás tocando, porque podés escuchar que alguien del público está haciendo algo que te inspire una idea". Por eso, una de las ideas del trío –que se completa con Mauro Maurelos (trompetista) y Hernán (en el bajo)– es la de moverse en una zona de riesgo permanente: todos sus recitales son improvisados. "Creo que correr riesgos tiene que ver con estar seguro. A veces el riesgo no pasa por un riesgo técnico sino por tocar durante 2 minutos clink, clink, clink." Para mí, cuando uno hace lo que tiene ganas de hacer todo se transforma en algo muy lindo automáticamente. Yo traté de ir esquivando cosas y solamente hacer música, y darme manija que está todo bien, aunque pasara hambre. Y eso te da una tranquilidad, es como si todos los días fueran un domingo. Y si hay tanta tranquilidad vas a tener que arriesgar sí o sí."

Data tomada de Radar-Pagina 12.

Cortesia de Horacio Traversaro

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